Un niño consigue lo que ningún Òrìṣà había logrado y, como premio, gana el derecho de ser el primero en recibir ofrenda.
Olofin, el creador, cayó gravemente enfermo. Los Òrìṣà más poderosos fueron a verlo uno por uno, cada uno con sus remedios y sus ritos, y ninguno consiguió aliviarlo.
Elegguá era entonces un niño travieso al que nadie tomaba en serio. Pidió permiso para intentarlo. Los mayores se rieron de él, pero Olofin, que ya no tenía nada que perder, lo dejó entrar.
Elegguá había ido al monte y conocía unas hierbas que los demás habían pasado por alto. Preparó con ellas un remedio y Olofin se curó.
Agradecido, Olofin le ofreció lo que quisiera. Elegguá pidió una sola cosa: ser el primero. Desde entonces, en toda ceremonia se saluda y se alimenta primero a Elegguá, y nada se emprende sin contar con él, porque es quien abre y cierra los caminos.
Qué enseña
El conocimiento no siempre está donde lo busca la jerarquía. El relato explica una regla ritual muy concreta de la Regla de Ocha: Elegguá come primero. También sostiene una idea central: sin mediación, ninguna ofrenda llega a su destino.
Variantes
- En algunas versiones, Elegguá no cura a Olofin con hierbas, sino que lo ayuda a librarse de un enemigo o le devuelve algo perdido.
- La regla de honrar primero a Èṣù también existe en Nigeria, donde se explica con otros relatos del corpus de Ifá.
Redacción propia basada en las fuentes citadas. Los patakíes se transmiten oralmente y cambian según la ciudad, el linaje y el país.
Fuentes
- Cabrera, Lydia. El Monte. Ediciones C.R., La Habana, 1954.
- Bolívar Aróstegui, Natalia. Los orishas en Cuba. Ediciones Unión, La Habana, 1990.