Ògún regresa a la ciudad que gobernaba y nadie le responde. Su furia termina en tragedia, y él se retira bajo la tierra.
Ògún, el que abrió el camino a las demás divinidades con su machete de hierro, fue también rey de la ciudad de Ìrè. Después de años de guerras lejanas, decidió volver a casa.
Llegó cansado y sediento. Pero ese día la ciudad celebraba un rito en el que todos debían guardar silencio, y las vasijas de vino de palma estaban vacías. Ògún saludó y nadie le contestó. Pidió de beber y nadie le dio nada. Nadie lo miró a los ojos.
Ògún interpretó el silencio como un desprecio. Su rabia fue tan grande que sacó su espada y empezó a matar a quienes encontraba. Solo cuando la ceremonia terminó y la gente pudo hablar, alguien le explicó la verdad: no lo estaban ignorando, cumplían con un rito.
Al comprender lo que había hecho, Ògún sintió una vergüenza insoportable. Clavó su espada en el suelo y se hundió en la tierra en ese mismo lugar. Antes de desaparecer, prometió que acudiría siempre a quien lo llamara en un momento de necesidad.
Qué enseña
La fuerza sin paciencia destruye incluso lo que uno ama. Ògún es el patrono de la tecnología, del trabajo y del hierro, y este relato recuerda que todo instrumento poderoso exige dominio de uno mismo. Por eso a Ògún se le honra con respeto y también con prudencia.
Variantes
- En algunas versiones, Ògún se quita la vida con su espada; en otras, solo desaparece bajo la tierra. Sus devotos afirman que no murió.
- Por haber gobernado Ìrè, se le llama Onírè, "el señor de Ìrè".
- El detalle del día de silencio y del vino de palma varía de una versión a otra.
Redacción propia basada en las fuentes citadas. Los patakíes se transmiten oralmente y cambian según la ciudad, el linaje y el país.
Fuentes
- Barnes, Sandra T. (ed.). Africa's Ogun: Old World and New. Indiana University Press, 1989 (2.ª ed. 1997).
- Verger, Pierre Fatumbi. Orixás: deuses iorubás na África e no Novo Mundo. Corrupio, 1981.